Mi Hija está creciendo



Mi hija mayor cumplió hace algunos meses 10 años. Ella se ve a sí misma como una niña y así lo expresa. Me enternece como ella quisiera controlar su propio crecimiento y se convence a sí misma de ello.


Un día me dijo: “Yo voy a ser una niña hasta los 13 años, entonces me convertiré en puberta, mientras tanto soy una niña y lo seguiré siendo”. Me gustó la seguridad con lo que lo dijo. Pero la realidad y el tiempo a veces no cumplen con nuestros deseos y expectativas. Ella está creciendo y cambiando más rápido de lo que las dos quisiéramos.


Desde que se fue nuestra alegría del hogar hace 3 meses hemos sufrido muchos cambios. Ya me reclamaba que el verano no fue como ella quería, que me la he pasado entrenando personas que no se quedan, que no le gusta lo que cocinan o preparan, que ya se había acostumbrado a Mari, que la extraña, etc.


Le cuestan mucho trabajo los cambios, y para colmo de males, está en medio de un torbellino de cambios: físicos, emocionales, hormonales… Llegó la rutina del nuevo ciclo escolar y el horario rígido, levantarnos muy temprano, ir a la escuela, hacer tarea y las actividades de la tarde. Y aunque le pido que se apure para ir a dormir para que pueda descansar y estar de buen humor se rehusa a dormir temprano porque no es una bebé…

Después de un mes de clases y de todos los días llegar a casa quejándose por algo, un día me dijo: “Hoy nos hablaron de los cambios en la escuela”. - “Ah si, qué cambios le respondí”. “Ya sabes, los cambios del crecimiento”. -“¿Y qué te dijeron?” continué yo con la conversación. “Que cuando vamos creciendo cambiamos, que ya tal vez no nos gustan las mismas cosas, que todo nos da flojera, que cambiamos de humor fácilmente, y creo que tal vez ya estoy ahí.” Se encogió de hombros y torció la mirada tristemente. Yo la veía y pensaba: “ ¿A poco? ¿Tú crees? ¿En serio?” ¡Por supuesto que ya está ahí!


Puedo ver como mira con tristeza su pasado, con anhelo y nostalgia platica de cómo fue su primer año de primaria el mejor, y cómo extraña prepri, incluso cuando ve a sus hermanos pequeños jugando exclama: “Quién tuviera 5 años o 3, qué feliz es uno a esa edad!” Siente que se le escapa la infancia como agua entre las manos, sin que pueda hacer nada para detenerlo, se da cuenta que aunque ella se haya propuesto seguir siendo niña no es capaz de controlar su crecimiento.


Recordé como siempre ha amado la primavera por ser le época del año en que es su cumpleaños. Como al día siguiente de su fiesta empieza a planear cómo será su siguiente cumpleaños, a quién va a invitar, de qué tema será, cómo puede mejorarlo. Y vino a mi mente una conversación de cuando tenía 4 años y me dijo: “creo que mi cuerpecito ya no se quiere esperar a que cumpla 5, ya estoy creciendo”. Me dio mucha risa, en esa ocasión, pero ahora un dejo de melancolía también me recorrió. Tenía razón desde ese entonces, mi niña tan madura, tan analítica y reflexiva. Su cuerpecito nuevamente no se quería esperar, sigue creciendo y cambiando.


Hace esfuerzos por disfrazarse y disfrutar lo que le queda de infancia, en el 15 de septiembre y ahora que viene Halloween. Ese día no quiso ponerse un traje típico para la fiesta del club, a lo más que llegamos fue a una blusita mexicana, se quiso peinar sola con 3 ligas de color verde, blanco y rojo y se dibujó unas banderitas en la cara con el crayón. Pero feliz se subió al trenecito y al carrusel, yo a su edad ya jamás lo hubiera hecho. Y me conmovió que aún lo quiera hacer y lo disfrute, y que esté empezando esa lucha, entre ver quién es y cómo su mundo evoluciona.


A veces rechaza todo lo infantil pero tampoco quiere asumir más responsabilidades ni se ve lista para crecer. A veces es la mejor hermana mayor: compartida, generosa, acomedida, pero a veces se rehusa a serlo, defiende su intimidad y su soledad y no está dispuesta a ayudar a nadie. A mí también me da una mezcla de sentimientos el verla crecer, el entender tan bien por lo que está pasando y pensar que esos días de juegos, risas e inocencia están quedando atrás. Que nos vienen otros tiempos y etapas muy bonitas también, y que junto con ella nos estamos convirtiendo en padres de una preadolescente, estemos listos o no.

Disfruto verla jugar en el jardín, cantando, brincando, dando ruedas de carro, parándose de manos y practicando todo lo que sabe de gimnasia, corre, juega, es feliz. Hoy te abrazo mi niña grande, te acompaño en uno más de los desafíos que agradezco a Dios viviremos juntas. Aquí me tienes, viendo con ternura, alegría e ilusión tu crecimiento, queriendo a veces cantar: “Reloj no marques las horas”, y “No crezcas más que te quiero así como eres hoy”, pero es inevitable, sólo quiero que sepas que te amo hoy y siempre y estaré feliz de estar a tu lado en medio de todos estos cambios.

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