insistir, motivar, amar

Month: February 2017



En ocasiones me siento un poco agobiada por mi vida de mamá. Con hijos chicos la vida se basa en rutinas y repeticiones. A ellos les da estabilidad y seguridad, y uno parece a veces celador del tiempo.

Hay mamás a las que eso de la rutina no se les da. En mi experiencia y más aún con 4 pequeños la rutina hace que no nos volvamos locos. Pero es cansada y pesada. Y no sólo me refiero a tener horarios bien establecidos para sus actividades, sino también el tener que repetir tantas veces lo mismo: siéntate a comer, apúrate, no peleen, guarda tus juguetes, lávense los dientes…

A veces me siento una grabadora que repite todo el tiempo lo mismo, varias veces en un mismo día. Sería más fácil en ocasiones hacerme de la vista gorda y aparentar que no vi que se pararon de la mesa, o ponerme a recoger yo sus juguetes y su tiradero, me evitaría pleitos, enojos y me ahorraría tiempo. Pero trato de recordar que detrás de todo esto no hay sólo una estrategia para no enloquecer, estoy formando hábitos en ellos.

Tengo la esperanza que un día ellos en verdad hayan interiorizado todas esas normas y las hayan hecho hábitos. Claro que da flojera repetir las cosas, claro que es más fácil no pelear, pero hay que ver más allá de lo inmediato, qué estamos enseñando, con qué propósito hacemos las cosas. No sólo es nuestra comodidad, es que aprendan a ser responsables y a insertarse en una sociedad que tiene normas, y que puedan funcionar bien en ella y aportar algo. Que sean bien aceptados y que influyan de manera positiva en su entorno.

Si, de todo esto me tengo que acordar y convencer yo misma cuando empiezan a voltearme los ojos o todo mundo se señala diciendo: “yo no fui, yo no tiré nada” como si los juguetes se hubieran hartado de estar en los cajones y hubieran decidido explotar por todo el cuarto…

Entonces tengo que insistir, tengo que motivar, tengo que recordar mi fin último. Una que otra vez, más de lo que quisiera, a mí también se me olvida todo esto y viene el grito, la amenaza, la consecuencia, pero yo misma me tengo que insistir y motivar para ver qué otras estrategias hay y no perder de vista mi objetivo.

Porque detrás de cada calcetín sucio que recogen, de cada carrito, de cada muñeca y trastecito, de cada ficha, de cada bloque, estoy ayudándolos a ser disciplinados, ordenados, responsables. Les puedo ayudar y acompañar pero no hacerlo por ellos porque es necesario que aprendan, que entiendan que pueden jugar pero después todo debe quedar en su lugar.

Y que al insistir en todos y cada uno de los hábitos que formo en ellos, también me formo yo como mamá, en una mamá más paciente, más sabia, en una mejor mamá, porque me implica poner el ejemplo, no sólo dar instrucciones sino que lo vean, que se viva en casa.

Yo soy la primera que tengo que estar convencida y motivada de todo esto, porque de esa manera se los transmito. Esta es la manera en que los amo, no dejando que hagan lo que quieran, empujándolos más allá de su zona de confort, de pasar del “no puedo” al “está difícil pero lo voy a lograr”. Hay que vencer la tentación de con las prisas resolverles todo, sí se necesita de paciencia, pero el que ellos lo hagan, el que libremos la batalla, el que lo intenten, hace que todos ganemos, mejoremos, crezcamos.

No hay que darse por vencido, aún cuando sea cansado, aburrido y pesado, hay que seguir insistiendo, motivando y amando.

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