Hacer que todos se sientan amados

Actualizado: 29 de jun de 2018



Ha pasado un tiempo desde que escribí la última vez, no ha sido por falta de ganas, sino un montón de actividades y cosas por hacer. Desde las emotivas salidas de fin de curso, las vacaciones que al principio me aterraban y luego no quería que terminaran y ahora la adaptación al nuevo ciclo escolar y todos los cambios que de ellos se deriva. Un proyecto personal que está consumiendo mucho tiempo y al mismo tiempo me está dando muchas satisfacciones y el ser malabarista con mi tiempo de mamá de tiempo completo de 4 chiquitos que me requieren de diferente manera y forma pero en la que todos exigen mi atención, llevar la casa, los pendientes, etc.


Y en medio de todo eso, no debo de perder de vista lo más importante de todo: hacer que mis hijos se sientan amados. Parecería obvio pero no lo es. Incluso es más difícil de lo que podemos pensar. Hacer que mis hijos se sientan amados, todos, cada uno, cada día, cada momento, ahí está el gran reto.


Hacer que se sientan seguros, que se sientan protegidos, que se sientan mirados, que sientan que pertenecen a esta familia. Que cuentan con mi cariño, con mi atención, que los escucho y entiendo  lo que me cuentan y  lo que no me dicen pero ahí está, y es mi labor como de detective descifrar, llegar al fondo y ayudar a resolver. Tocar sus corazones y sus sentimientos, que sientan que aún en la rivalidad fraternal cada uno tiene su lugar y ocupa un espacio importante y único en mi corazón y en esta familia.


Tener momentos de risas y cariños, donde haya abrazos, besos y apapachos, muchos “te quiero, te amo, soy feliz de ser tu mamá.” Muchos detallitos: hacer al menos un día a la semana algo que a cada uno le gusta porque si no, cómo lo reclaman. Que no se noten diferencias, y si las hay porque evidentemente son diferentes en edad, sexo, gustos y carácter, que no hagan sentir a nadie más y a nadie menos.


Darles un sentido de justicia y también corregirlos cuando hacen algo mal. No permitir que ninguno abuse o trate mal a su hermano, hacerles sentir que los amo aún cuando debo ser firme y deben entender que algunos actos tienen consecuencias; cuando no puedo dejar pasar ciertos comportamientos y reacciones. Y en ocasiones ver más allá de eso, tratando de entender por qué realmente actúan así y si no es precisamente esa falta de reconocimiento, de seguridad o de algo más lo que están mostrando y pidiendo.


Hay una frase que dice: “Ámame cuando menos lo merezca, porque es cuando más lo necesito. ” Y es tan cierta. Amar cuando cuesta trabajo, cuando el cansancio, una mala contestación, un berrinche, las prisas, las preocupaciones nos ganan y también reaccionamos mal. Cuando más serenos pensamos que no estuvo bien lo que dijimos o hicimos, cuando nos damos cuenta que lastimamos a quien más amamos o cuando “No hacemos el bien que queremos pero sí el mal que no queremos”. Que finalmente somos humanos, y parte de nuestra misma historia y nuestras mismas heridas, nuestros patrones y el subconsciente nos ganan y traicionan, aún cuando juramos nunca repetirlos.


Es por eso importante ser conscientes, de que en todo, nuestra finalidad como madres es hacer que se sientan amados. Si no somos conscientes de este objetivo más difícil será aún y con más facilidad podremos desviarnos.


Precisamente porque los amamos hay que educarlos, poner límites y hacer ciertas cosas que aunque de principio son desagradables, y fastidiosas perseguimos un bien mayor. Porque los amamos queremos ayudarlos a ser las mejores personas que puedan ser. Que se aprendan a amar a sí mismos dando lo mejor de sí, y que sepan también salir hacia los demás y ser capaces de amar. Verse a sí mismos como sujetos dignos de amor y de respeto y tratar así a los otros.


Mis buenas intenciones a veces no lo son suficientes, sin embargo queridos hijos quiero que sepan que los amo siempre, aún cuando esté cansada, enojada o preocupada. Y que le pidamos a Dios juntos que lo que reine en nuestra familia sea el amor y que podamos expresarlo siempre y gozarnos en él.

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