esos días en que quiero enloquecer

Month: May 2017



En muchas ocasiones cuando alguien me pregunta cuántos hijos tengo y contesto que cuatro, el siguiente comentario generalmente es: “¿y cómo le haces?” Mi respuesta hace algunos meses era “tengo una muy buena persona en casa que me ayuda”. Pero eso a mediados de enero cambió.

Mi muy querida Mina hizo su vida, sus planes, tomó decisiones, y se fue, han sido cinco meses de locura, he pasado por todos los estados de ánimo posibles: tristeza, enojo, frustración, desesperación, etc. Y aunque mis papás y mi esposo me han ayudado enormemente con el día a día y la casa, conseguir un reemplazo ha sido muy difícil.

Y justo cuando estaba perdiendo la fe y la esperanza y cuando sentía que tal vez debía resignarme a enfrentar días de locura uno a la vez, llegó una nueva persona a nuestras vidas, alguien alegre, dispuesta a trabajar, con gusto por los niños ¡Lo logramos!

No es fácil ser mamá de 4 hijos pequeños, y menos aún sin la ayuda adecuada, la casa, los pendientes, el orden, la limpieza, la comida, la ropa, los trastes, la rutina, el día a día, acababan con mi poca paciencia. Hubo días que quería salir corriendo, que quería renunciar, pedir un descanso, un relevo, etc.

Coincidió también con que los primero 2 meses el más pequeño de mis hijos estuvo enfermo y no salía de una y entraba en otra, parecía interminable, agotador. Pero así hay etapas de crisis, cansancio, donde todo se ve negro y no se ve ni para cuando terminen.

Se acercaba su primer cumpleaños y yo estaba tan triste, cansada y preocupada por su falta de apetito, su bajo peso, su falta de crecimiento, su vulnerabilidad, que no tenía ni las más mínimas ganas de celebrar, mi mamá insistió mucho y trajo todas las decoraciones para que no se le pasara desapercibido su día. Luego a los quince días el cumpleaños de mi tercera hija, y a las tres semanas el de la primera.

Y no son cosas que puedas postergar, el bebé aún no se da cuenta, pero los demás esperan con ilusión y alegría ese día, y hay que sacar fuerzas uno no sabe ni de dónde y prender el “mood” festivo.

Han sido semanas difíciles y pesadas, pero uno sigue adelante por ellos, porque no hay de otra, porque de alguna manera también somos sus referentes de cómo afrontar las dificultades y las crisis.

Agradezco enormemente la ayuda de mis papás, sobre todo de mi mamá que muchos días dejó todas sus cosas por venir a ayudarme con la casa y los niños, por irse muchos días tarde para ayudarme con baños y cenas, por dejar compromisos y pendientes, por regalarme comida para no tener que preocuparme por cocinar. Le agradezco a mi esposo el gran equipo que siempre hacemos, que le implica esfuerzo y cansancio extra, despertándose más temprano para entrarle “al quite” a los desayunos, lunches y todo lo que hay que hacer para salir a tiempo en las mañanas, por intentar llegar antes para ayudarme con baños y cenas, justo en la peor hora donde en verdad estoy a punto de convertirme en bruja.

Después de la tormenta siempre llega la calma, y espero que en verdad haya llegado para quedarse mucho tiempo. En esos momentos en los que quería enloquecer y pensaba “en qué lío me metí, cómo se me ocurrió tener 4 hijos” veía sus caritas, sus ojitos, ellos también sentían mi impaciencia, mi cansancio y mi desesperación, podían ser empáticos y venían y me abrazaban o me traían una flor del jardín, me hacían un dibujo, me daban un beso o un abrazo y podía ver que nunca aún con lo cansado y pesado, con lo estresante y difícil que puede ser tenerlos, nunca me he arrepentido ni un segundo de su existencia.

Somos una familia ruidosa y caótica, hay pleitos, llantos, gritos y berrinches, a veces hay cooperación y a veces no quieren cooperar, y mover 4 voluntades, convencerlos de que hagan las cosas, motivarlos y a veces no queda de otra más que forzarlos, es muy cansado. Sería más fácil cruzarse de brazos y dejarlos hacer lo que quisieran, pero eso no es bueno para ellos, y sería una falta de amor y esfuerzo de mi parte, estaría fallando en la misión más importante, en educarlos y formarlos, en ayudarlos a ser lo mejor que pueden ser.

Y a veces cuando llegan todo tipo de sentimientos, remordimientos, culpa por no disfrutarlos tanto, por no tenerles tanta paciencia como quisiera o no tener la situación ideal que uno siempre tiene en la cabeza de cómo quisiera ser como mamá, recuerdo que ante todo soy humana. Trato de que se sientan lo más amados posible y que también entiendan que por su bien y el mío hay cosas que no les puedo permitir aunque no les gusten.

Esos besos, abrazos, miradas, juegos, risas, cantos, cartas y conversaciones fueron las que me sacaron adelante, incluso les pedía que ellos también pidieran por mi y porque pronto llegara la ayuda que necesitábamos, y como siempre Dios tiene sus tiempos. No nos gusta pasar por dificultades, pero son necesarias y parte de la vida, nos ayudan a ser más conscientes y más humanos. Así en el día a día, las pequeñas contrariedades nos hacen fuertes, sensibles, empáticos.

En esos días que quería enloquecer, viviendo uno a la vez día a día y agradeciendo también todo lo bueno que tenemos y que es tan importante, es como salí adelante.

Gracias mis niños también a ustedes por estar conmigo, por su cariño, su paciencia y su amor, el mejor regalo que puedo tener, juntos somos más fuertes. Los amo.

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