Ese Pequeño Momento de decisión


Tengo 4 hijos, en este momento una niña de 9, uno de casi 7, una de 4 y uno de 2.

La semana pasada fue caótica. Normalmente suelen ser lo bastante considerados como para ponerse fastidiosos uno o dos a la vez. Pero la semana pasada eran los cuatro. Como si se hubieran puesto de acuerdo.


La de 9 ya empieza a chocarle todo. Basta que uno diga una cosa para que ella quiera lo contrario. Sale de la escuela y me pregunta: qué vamos a hacer hoy. Desde ahí ya sé que diga lo que diga no le va a gustar la respuesta. Si digo: nos quedaremos en casa. Su respuesta será: qué aburrido. Si digo: vas a ir a tu clase de lo que sea, me dirá: no, no quiero ir, estoy cansada, quiero quedarme jugando. Si digo: vamos a ir al súper de inmediato responderá: ay no, que horror, que flojera, yo no quiero ir. El caso es decir que no a todo.


Si creíamos que los terribles 2 o los muy terribles 3 eran difíciles, los hiper terribles 9 vienen “reloaded”. Y esto apenas está empezando… No se los cuento para angustiarlos o deprimirlos sino para que entendamos que los 9 son los nuevos 2 o 3. Otra vez nos dirán a todo que no, y hay que tener mucha paciencia.


El de 7 con su energía e intensidad que lo caracteriza no dejaba de molestar a todos sus hermanos, si uno no lo tiene con algo que lo entretenga su diversión es molestar… La de 4 estaba sensible y por todo lloraba y el de 2 está empezando a sacar al pequeño huracán que lleva en sí. Grita, dice que no, quiere hacer todo solito cuando no puede ni la mitad, su palabra favorita es “Mío”. Y si algo se le cae le grita a su hermana de 2 que ni siquiera estaba por ahí y que no hizo nada. Entonces la de 4 empieza a llorar: “me regañó y yo no le hice nada”. Yo lo ví todo, ya lo sé, mientras trato de consolarla y se lo digo, este chiquito que ya vio el impacto que podía causar se regresa a gritarle más cerca y más fuerte. La otra llora aún más.


Es un momento de locura, ir entendiendo a cada uno, por qué hace lo que hace, recordar la etapa evolutiva en la que está, y tener suficiente paciencia para no gritar o no reaccionar con un golpe hacia alguno. En verdad los hijos ponen a prueba a los padres de manera que ni siquiera se dan cuenta. Y no, he de de confesar, no so y tan perfecta ni tan santa. Tengo que trabajar todo esto no sólo cada día sino a cada momento del día, incluso cuando yo también traiga estrés, preocupaciones, pendientes, etc.


Y me di cuenta de algo. Como siempre suele suceder, cuando ya están dormidos y el remordimiento y la culpa nos acechan: por qué le grite, por qué lo castigué, por qué no tuve paciencia, por qué le dije eso… Pero si yo soy pedagoga, y maestra en familia, y he tomado cursos de límites y consecuencia y sé que así no debería reaccionar. Y muchas veces entre más sabemos y estudiamos peor nos sentimos, pero no soy amiga de las culpas, ni tampoco de las justificaciones, y entonces me digo: sí, hice mal. Qué debo hacer, cómo debo reaccionar.


Fue entonces cuando vi que generalmente tenemos un pequeño momento de decisión. Antes de vociferar, insultar, maltratar, etc. Hay un pequeñísimo momento en el que puedo elegir calmarme, pensar claramente, decidir cómo reaccionar. Como loca histérica que es como realmente me siento, sacando mi coraje y toda mi frustración con un golpe o un grito o algo de lo que después me voy a arrepentir o respiro y me tomo unos minutos. Mi cuerpo, mi adrenalina en ese momento se prepara para la reacción primitiva e instintiva, pero soy más que eso. Puedo detenerme y elegir poner una consecuencia en vez de lastimar, algo que sí venga al caso con lo que hicieron, hacer que ellos también reflexionen y hacerlos responsables de sus actos, enseñarles autocontrol o soltar un grito, un pellizco y que terminen siendo víctimas de mi fuerza y coraje, que digan a sus adentros: qué mala y que injusta es mi mamá. (Bueno eso creo que de todos modos lo dirán, pero falta ver si tendrán razón o no). Porque uno no puede pedir calma desquiciándose, ni paz siendo violento.


No les digo que lo he logrado, estoy en proceso, pero al menos ya soy consciente y es un paso más hacia mi meta. Darme cuenta de ese pequeño momento y decidir, y elegir bien, y actuar como debo actuar y no como quisiera.


Los hijos sacan lo mejor y lo peor de nosotros y a veces con segundos de diferencia. Pero pensemos más allá de lo cansado que puede ser el día a día, qué queremos para nuestros hijos y cómo vamos a lograrlo. No siempre será fácil, algunos días estaremos más descansados, tendremos más ánimos y energías. Otros nos van a agarrar en nuestros “5 minutos”. Pero tratemos de no explotar con ellos ni contra ellos. Finalmente son las persona más valiosas, a quienes más amamos y nunca quisiéramos hacerles un mal.


Es un hecho que tenemos que educarlos, ponerles límites, disciplina y tendremos que ser firmes y constantes, pero eso no quiere decir que tengamos que maltratarlos. Tenemos que tratar de que siempre se sientan amados, aún cuando hicieron algo incorrecto o ellos también reaccionaron mal por que están cansados, se sienten mal o tuvieron un mal día.


Estamos todos en ello y entre todos nos ayudamos a ser mejores personas, mejores familias. Es difícil más no imposible, y será un trabajo diario y constante pero será más fácil si somos conscientes.


Te invito esta semana a pensarlo y a actuar así, a identificar ese pequeño momento antes de explotar y a decidir y no sólo reaccionar. Y cuéntame cómo te va! Así sabremos que no estamos solas y nos echamos porras!


5 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Un verano diferente y un nuevo ciclo escolar

Ha pasado mucho tiempo desde que escribí por última vez, y es que han pasado un montón de cosas desde entonces. Después de haber logrado y celebrado que mi chiquito dejó el pañal, se transformó toda m

  • https://www.facebook.com/regina.garz

@ phubard  /  phdesign1@prodigy.net.mx  /  (55) 5073 9046  /  Méxco D.F.