ambivalencia tiempo hijos


Últimamente he pensado mucho sobre esto. Tengo 4 hijos: una de 7, uno de 5, otra de 2.9 y un bebé de 10 meses. Los dos grandes crecieron juntos y se ha repetido un poco la historia con los dos pequeños. Los veo y me recuerdan cómo estábamos hace 5 años, mi niña grande y un bebé y nuevamente estamos así.

No puedo evitar sentir nostalgia al ver a mi grande y pensar: ¿En qué momento creció tanto? 7 años que se pasaron en un abrir y cerrar de ojos, recuerdo tan vívida y angustiosamente cuando ella era una bebé, cuando todo era incierto (fue una bebé con mucho reflujo que lloraba mucho, que no dormía ni de noche ni de día, que todo la alteraba, y después descubrimos que tenía cuestiones sensoriales). En ese tiempo anhelaba que creciera, que gateara y caminara porque los días y tardes eran eternas. La disfruté mucho aún con todo eso, porque fue mi primer acercamiento y conocimiento de cómo se ensancha el corazón al ser madre, de cómo uno es mucho más fuerte de lo que cree, de cómo puedes soportar el cansancio, y cómo te cambia la percepción del mundo, pero con el primer hijo todo es nuevo, y no sé si será por la ilusión de ver todos sus logros, a uno le urge que haga de todo.

Con el segundo las cosas son diferentes, ya viste que el tiempo pasa más rápido de lo que uno cree o quisiera, y cómo tiene al hermanito mayor de referencia el segundo hijo quiere alcanzarlo, muere por gatear, caminar, patear la pelota, saltar y hacer todo lo que hace su hermano. Y uno ya con más paciencia y experiencia piensa: ¡No, no crezcas tan rápido, sé mi bebé por mucho tiempo!

En mi caso entre el segundo y el tercero se llevan más tiempo (2 años 8 meses) y esta tercera la disfruté muchísimo. Con los otros dos en la escuela me quedaba las mañanas observándola, jugando, apapachándola, con mucho más conocimiento, sin tanta angustia, viviendo cada etapa con ella a conciencia.

Y el cuarto que nos llegó de sorpresa, pero pasado el shock inicial le dimos la bienvenida y lo esperamos con ilusión y alegría; venía a equilibrar y completar nuestra familia. Un chiquito risueño y simpático, tierno y travieso.

Cuando digo que tengo 4 hijos la primera exclamación de todos es: "¿y cómo le haces? Seguro eres muy paciente." Y pues a veces ni yo sé cómo le hago, con ayuda de Dios por supuesto, porque tampoco soy tan paciente como todo mundo cree, sólo los que me conocen bien saben que no lo soy.

Y después de 7 años consecutivos sin dormir, de cambiar pañales, de programar siestas, perderse la mitad de los compromisos, planes y salidas porque alguno está enfermo dan ganas de que pase pronto esta etapa, pero al mismo tiempo, verlos tan tiernos, tan inocentes, tan cariñosos ¡No quiero que crezcan!

Veo al pequeñito y dan ganas de que ya sea un poco más independiente, porque quiere estar cargado todo el tiempo y justo cuando empezó a gatear y se puso tremendo pensé... ya otra etapa que pasó y no regresará.

Vivimos pensando y esperando el día en que podamos sentarnos a comer sin interrupciones, porque alguno justo quiere ir al baño, se le ofrece algo, se despertó de la siesta. El día en que podamos platicar de corrido, en que se bañen solos, en que crezcan. Y al mismo tiempo quisiéramos que en sus corazones siguiéramos siendo los primeros y únicos.

Por supuesto cada etapa tiene lo suyo, y por eso hay que vivirla y disfrutarla al máximo, a pesar de la agotadora rutina, del cansancio, de lo pesado que puede ser.

Vivo en la ambivalencia, que crezcan un poquito pero no mucho...


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